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La Devoción (Co-Pastor Gamaliel Aguilar)

Este mes lo hemos declarado de la excelencia, tomando como texto lema colosenses 3: 23 y 24. “y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres, sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís” (RV). 


Y para profundizar el tema de la excelencia lo he preparado como un código de vida, llamado código de excelencia; acróstico formado por las palabras:

C = Calidad.
O = Orden.
D = Devoción.
 I =   Integridad.
G = Gobierno.
O = Orientación.




El tema que nos corresponde esta vez es La Devoción, definiendo devoción como la entrega, pasión, fervor, fe, amor, interés, trabajo duro, esfuerzo, es decir, el corazón que le ponemos a las cosas que hacemos, las cosas que hacemos hablan sobre el tipo de persona que somos. A veces, a pesar de que hagamos todo el esfuerzo para lograr las cosas no es garantía que saldrán bien, y cuando salen mal, se convierte en un marca dolorosa de nuestra vida,  tanto así que la principal razón por la que renunciamos a los sueños es porque lo intentamos una vez o varias veces con tanta fuerza y al ver que finalmente no funcionó, entonces decidimos que no vale la pena esforzarse en la vida, y va muriendo nuestra fe.


La Biblia nos habla en Génesis 3 sobre las maldiciones del pecado sobre la humanidad y una de ellas dice “Con el sudor de tu frente comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra. (v.19. Rv)”. Esta es la ley del esfuerzo, todo lo que deseemos en verdad tendrá que ser probado por el extremo esfuerzo que hagamos para lograrlo.
¿Qué cosas del pasado están impidiendo que sigas soñando? ¿Tu vida se ha vuelto mecánica y fría? O ¿acaso le pones corazón a todo lo que haces tanto que motivas a otros? Hoy es el momento de saber si la falta de emoción en lo que haces, es la razón por la cual no disfrutas de la vida excelente que puedes vivir.  El problema en verdad es que casi siempre dejamos a Dios fuera de nuestros deseos y dirigimos toda nuestra devoción a obtener cosas materiales, para sentirnos cómodos, llenar nuestra vida de gustos y placeres. Jesús nos enseña que el dinero y Dios siempre están en competencia por nuestro corazón, no hace referencia al diablo, sino más bien al dinero.  Dice: “ninguno puede servir a dos señores; porque amara al uno y aborrecerá al otro, o estimara al uno y menospreciara al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas”. Mateo 6:24. Rv. Y Pablo enseña: “Porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe”… 1 Timoteo 6:10. Rv. Cuando Dios queda por fuera o de  segundo lugar tu devoción esta mal direccionada.
Dios exige un nivel de devoción alto: “Si alguno viene a mi, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo” Lucas 14:26. Rv. Busca verdaderos adoradores, desea estar en el primer lugar, es tan alto que recomienda en los siguientes versículos calcular si nos conviene seguirlo, decidir seguirlo es estar dispuesto a entregarle el primer lugar y cierra el tema diciendo “Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo” Lucas 14:33. Rv.
Un abrazo y bendiciones para todos.
Co-Pastor Gamaliel Aguilar.
aguilagamaliel@hotmail.com


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Cómo desarrollar una mente cristiana.

Por John W. Stott

«No seáis como el caballo, ni como el mulo, sin entendimiento» (Sal 32.9); en otras palabras: «No esperen que yo los guíe en la forma en que ustedes guían a los caballos o a las mulas, porque ustedes no son ni lo uno ni lo otro. Tienen entendimiento». Estaban dos mujeres conversando en el supermercado y una le dijo a la otra: «¿Qué es lo que te pasa? Pareces muy preocupada». «Lo estoy, me preocupa la situación en el mundo», contestó su amiga. «Tienes que tomar las cosas más filosóficamente y dejar de pensar», respondió la primera mujer.

Curiosa idea esta de que para ser más filosóficos hay que dejar de pensar. Sin embargo, estas dos mujeres estaban reflejando la forma de pensar del mundo actual. El mundo moderno ha dado a luz a dos gemelos terribles: uno se llama falta de inteligencia y el otro carencia de sentido. En contraste con esta tendencia vemos lo que dice la Escritura: «Hermanos, no seáis niños en el modo de pensar, sino sed niños en la malicia, pero maduros en el modo de pensar» (1 Co. 14:20). Notemos que Pablo por un lado les prohibe que sean niños, y por otro les manda que lo sean, pero en diferentes esferas. En lo que se refiere a la malicia, les dice que deben ser tan inocentes como niños pequeños, pero en su manera de pensar tienen que ser personas maduras.


La importancia de la mente

El uso correcto de nuestra mente produce tres beneficios. En primer lugar, glorificar a nuestro Creador. Siendo nuestro Creador un Dios racional que nos hizo seres racionales a su imagen y semejanza, y habiéndonos dado en la naturaleza y en las Escrituras una revelación racional, espera que usemos nuestra mente para estudiar su revelación. Al estudiar el universo y leer las Escrituras estamos pensando los pensamientos de Dios como él quiere. Por esto, un uso correcto de nuestra mente glorifica a nuestro Creador.

En segundo lugar, enriquece nuestra vida cristiana. No estoy hablando de la educación, la cultura y el arte, que enriquecen la calidad de nuestra vida humana; estoy hablando de nuestro discipulado cristiano. Ningún área del discipulado es posible sin el uso de nuestra mente. Alabar es amar a Dios con todo nuestro ser, incluso con nuestra mente. La fe es una confianza razonable y otro ejemplo de la manera en que Dios nos guía.

En tercer lugar, fortalece nuestro testimonio evangelizador. Con frecuencia nos preguntamos: ¿Por qué unos no aceptan a Jesucristo? Podríamos dar muchas razones, pero hay una acerca de la cual no pensamos lo suficiente: ellos perciben que nuestro evangelio es trivial, no les parece suficientemente amplio como para relacionarse con la vida real. Tenemos que recordar cómo evangelizaban los apóstoles, de qué forma razonaban con la gente, y que basándose en las Escrituras muchos fueron persuadidos. De hecho, Pablo define su ministerio diciendo: «Conociendo, pues, el temor del Señor, persuadimos a los hombres» (2 Co 5.11). Utilizar argumentos en nuestra evangelización no es incompatible con la fe en la obra del Espíritu. El Espíritu Santo no hace que la gente llegue a Jesucristo a pesar de las evidencias, sino que atrae a las personas a Cristo por medio de éstas, cuando Él abre sus mentes para que las tengan en cuenta. Pablo puso su confianza en el poder del Espíritu Santo, pero no por eso dejó de pensar y argumentar. El antiintelectualismo es algo negativo y destructivo, insulta a nuestro Creador, empobrece nuestra vida cristiana y debilita nuestro testimonio; el uso adecuado de la mente glorifica a Dios, nos enriquece y fortalece nuestro testimonio en el mundo.


La mente cristiana


Empezaremos por definir el término. En primer lugar, se trata de la mente de un cristiano. Nuestra mente ha sido manchada por la caída, también nuestras emociones, nuestra voluntad, nuestra sexualidad. Pero cuando vamos a Jesucristo nuestra mente comienza a ser renovada. El Espíritu Santo nos abre la mente para que veamos cosas que nunca antes habíamos visto. Por lo tanto, la mente cristiana no es una mente que está pensando sólo en asuntos religiosos, sino que es una mente que está pensando aun hasta en las cosas más seculares ¡pero desde una perspectiva cristiana! La mente cristiana busca la voluntad de Dios en el hogar y en el trabajo, en nuestra comunidad, en cuestiones de ética social y de política. Una mente cristiana es una forma de pensar, es una manera cristiana de mirar todas las cosas, su perspectiva cristiana ha sido renovada por el Espíritu Santo. Es una mente bíblica, porque está moldeada por presuposiciones bíblicas.


Los fundamentos del pensar cristiano


1) La realidad de Dios


La mente cristiana reconoce a Dios como la realidad suprema dentro y más allá de todo fenómeno. La realidad del Dios viviente y el hecho de que la Biblia se centre en Dios son indispensables para la mente humana. La Biblia es un libro hecho por Dios acerca de Él mismo. Hasta se podría decir que es la autobiografía de Dios. Dios se revela a sí mismo a través de las Escrituras. Se describe como Creador y Señor, como Redentor, Padre y Juez. Por lo tanto, la mente cristiana es una mente centrada en Dios.

Permítanme ahora pensar en dos implicaciones de esta verdad. En primer lugar el significado de la sabiduría. La sabiduría es un tema prominente en la Biblia. Creo que todos quisiéramos tener la reputación de ser sabios. El Antiguo Testamento contiene, además de la Ley y los profetas, una tercera sección llamada de literatura sapiencial que consta de cinco libros: Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés y Cantares. El rey David y el rey Salomón vivieron muchos, muchos años, con muchas, muchas concubinas y muchas, muchas esposas; pero cuando llegaron a la vejez, con muchos remordimientos, el rey Salomón escribió los Proverbios y el rey David los Salmos. Estos cinco libros de sabiduría tratan los siguientes temas: ¿Qué significa ser un ser humano? ¿Cómo es que el sufrimiento, el mal y el amor forman parte de nuestra humanidad? Eclesiastés, por ejemplo, es muy conocido por su estribillo pesimista: «Vanidad de vanidades, todo es vanidad» (1:2), o «sin sentido, sin sentido, todo es sin sentido». Este libro demuestra lo absurda que es una vida sin Dios. Es la falta de sentido de la vida humana que, por lo tanto, ignora la realidad de Dios. Si la vida se reduce al pequeño período de 70 años, con todo el sufrimiento y la injusticia que se obtiene, y si para todos termina de la misma manera, entonces «sin sentido, sin sentido, todo es sin sentido». Sólo Dios le puede dar sentido a la vida. Puede convertir la locura humana en sabiduría. Sin Dios, no hay más que locura y futilidad. Ésta es la tragedia del vacío espiritual del mundo hoy en día, y de ahí viene el rechazo del secularismo por parte de la mente cristiana. El secularismo niega la realidad de Dios y, por lo tanto, destruye la auténtica humanidad. No solamente destrona a Dios, sino que también reduce el potencial del ser humano a menos de lo que es su potencial. El ser humano sin Dios ya no es humano.

La segunda implicación de la realidad de Dios es la preeminencia de la humanidad. La mente cristiana es una mente centrada en Dios y, por lo tanto, también una mente humilde, debido al carácter teocéntrico de la Biblia. De acuerdo a la Biblia, nada es tan vulgar como el orgullo y nada tan atractivo y hermoso como la humildad que nos hace inclinarnos ante el Dios viviente y recordar que Dios es Dios.

La historia de Nabucodonosor (Daniel 3–5) es una gran advertencia para nosotros. Paseaba por el palacio real en Babilonia y hablaba consigo mismo: «¿No es esta la gran Babilonia que yo he construido con mi poder y para la gloria de mi majestad?» Notemos que él pedía para sí mismo el poder, el reino y la gloria, exactamente la antítesis de la doxología; y no debe sorprendernos que mientras estas palabras salían de sus labios, el juicio de Dios cayó sobre él. Fue privado de su reino y echado del palacio. Vivió con los animales y comió con ellos. Su cabello creció como las plumas de las águilas y sus uñas como garras de aves. En otras palabras, enloqueció; y solamente cuando reconoció que el Dios altísimo reinaba sobre los reinos de los seres humanos, y elevó su mirada en adoración humilde frente a Dios, se le restituyeron su razón y su reino. La moraleja es: a aquellos que andan con orgullo, Dios los humilla. El orgullo y la locura van de la mano, y asimismo la humildad y la razón.

En ningún punto choca tan fuerte la mente cristiana con la mente secular como en esta insistencia en la humildad. La mente secular desprecia la humildad, las grandes religiones tampoco la recomiendan, y nuestra cultura está dominada más de lo que pensamos por la filosofía del poder de Nietzsche, quien escribió acerca del surgimiento de lo que él consideraba una raza que tuviese el coraje de dominar, que fuese ruda, brava. De manera que su ideal era el superhombre, mientras que el ideal de Jesús es el niño, y no hay posibilidad de compromiso entre esos dos ideales. Tenemos que escoger.

La realidad de Dios le da a la mente cristiana su perspectiva primera y esencial. La mente cristiana rehusa honrar cualquier cosa que deshonre a Dios. Aprendamos a evaluarlo todo basándonos en este criterio: da gloria a Dios, o toma de la gloria de Dios. Esta es la elección, y explica por qué la sabiduría es el temor de Dios y por qué la humildad es la virtud más grande.


2) La paradoja del ser humano


¿Cómo responde la Biblia a su propia pregunta? ¿Qué es el hombre? ¿Qué significa ser hombre? Enseña por un lado que el ser humano tiene una dignidad única como criatura hecha a la imagen de Dios, pero por otro lado enseña que el ser humano también tiene una depravación única como pecador que está bajo el juicio de Dios. Su dignidad nos da esperanza, pero su depravación pone límites a nuestras expectativas. Así que tenemos que mantener ambas juntas, y es aquí donde encontramos la crítica cristiana a mucha de la filosofía política moderna. O son demasiado ingenuas en su optimismo acerca del ser humano, o demasiado negativas en su pesimismo. Solo la Biblia mantiene el equilibrio.

En primer lugar vamos a referirnos al optimismo de los humanistas. Es verdad que se refieren al hombre como nada más que el resultado de un ciego proceso de evolución pero, sin embargo, tienen una tremenda confianza en el potencial de evolución que tiene el ser humano. Creen que el ser humano va a poder tomar su historia en sus manos y hacer él mismo, y aun su propia evolución. Esto es muy optimista y no toma en consideración el egoísmo torcido de éste.

En segundo lugar, los existencialistas —que tienden a ir al extremo opuesto— son gente llena de pesimismo y aun de desesperación, porque dicen que no hay Dios, que no hay valores. Nada tiene sentido. Todo es absurdo. Esa conclusión es lógica si niegan la existencia de Dios. El escritor norteamericano Mark Twain, que era un humorista pesimista, dijo: «Si pudieras hacer un cruce entre un gato y un hombre, mejorarías al hombre y empeorarías al gato». Este pesimismo no toma en cuenta el amor, la belleza, la hermosura, el heroísmo y el sacrificio propio que han adornado la historia humana. Tenemos que evitar ambos extremos: el optimista y el pesimista.

La tercera opción es el realismo bíblico. De acuerdo a la Biblia el ser humano es una extraña y sorprendente paradoja: es capaz de la más alta nobleza, pero también de las crueldades más bajas. Puede comportarse como Dios, a cuya imagen fue hecho, pero también puede comportarse como las bestias de las cuales tenía que ser diferente. El hombre puede pensar, escoger, crear, amar, adorar; pero también puede codiciar, pelear, odiar y matar. El ser humano es el que ha inventado los hospitales donde se cuida a los enfermos, las universidades donde se adquiere sabiduría y los templos donde se alaba a Dios; pero también ha inventado cámaras de tortura, campos de concentración y bombas de hidrógeno. La mente cristiana recuerda la paradoja del ser humano. Somos nobles pero innobles, sabios pero tontos, racionales e irracionales, morales y al mismo tiempo inmorales, y esto cada uno de nosotros los sabemos.

Vamos a aplicar esta paradoja del ser humano a una serie de situaciones. En primer lugar veremos la cuestión de la autoestima. Todos conocemos la gran importancia de la salud mental, de saber quiénes somos. Algunas personas tienen un punto de vista muy exagerado con respecto a su importancia, son gente orgullosa. Pero otros tienen una autoimagen muy baja, creen que no sirven para nada, tienen paralizantes complejos de inferioridad que se acentúan muchas veces debido a ciertas enseñanzas cristianas, y nunca ven la dignidad de ser un ser humano creado a la imagen de Dios.

La imagen de nosotros mismos tiene su origen en el hecho de que hemos sido creados a imagen de Dios.

Sin embargo, el ser humano también es producto de la caída, y es por eso que Jesús nos llama tanto a la negación como a la afirmación de nosotros mismos. Lo que somos se debe en parte a la creación y en parte a la caída. Hay cosas que debo negar y repudiar, pero todo lo que soy por la creación y aun por la redención en Cristo no lo niego, sino lo afirmo. Eso presupone la comprensión de la doctrina bíblica del hombre.

Ahora pasemos a los procesos democráticos. Todos sabemos que la democracia tiene como meta ser un gobierno del pueblo y para el pueblo; y cualquiera que sea nuestro color político, la mayor parte de los cristianos la aprecian, quieren estar al lado de la democracia, porque es la forma más segura de gobierno jamás inventada y refleja la paradoja del ser humano. Toma seriamente la creación, la dignidad de los seres humanos, ya que se rehusa gobernarlos sin su consentimiento. Les da a los seres humanos participación en la toma de decisiones. Trata a los seres humanos como adultos responsables. Por otra parte, la democracia también toma en cuenta la caída, porque rehusa concentrar el poder en las manos de unos pocos. La democracia reparte el poder y así protege a los seres humanos de ellos mismos y de su locura. Esta es la forma en que Reinhold Niebuhr lo resumió: «La capacidad del hombre para la justicia hace que la democracia sea posible, pero la tendencia del hombre hacia la injusticia hace que sea necesaria».

Concluyo refiriéndome al progreso social. ¿Es posible que haya progreso social en el mundo de hoy? ¿Puede el mundo ser un lugar mejor? Algunas personas tienen una tremenda confianza en la acción social. Sueñan con crear una utopía y se olvidan del incorregible egoísmo del ser humano. Otras van al extremo opuesto, son tan pesimistas que dicen que es imposible cambiar la sociedad y que no vale la pena intentarlo, pero se olvidan de que los seres humanos aún conservan algo de la imagen de Dios y que aun aquellos que no son regenerados pueden tener una visión de una sociedad justa, pacífica. Casi todo ser humano, regenerado o no regenerado, prefiere la paz a la guerra, la justicia a la opresión y el orden al caos. Así que en cierta medida es posible el progreso social. Creo que tiene un cierto grado de equilibrio afirmar lo siguiente: «Es imposible perfeccionar la sociedad, pero es perfectamente posible mejorarla».

Veamos cómo Pablo nos recuerda la paradoja del ser humano: «Porque ellos mismos cuentan de nosotros la manera en que nos recibisteis, y cómo os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera» (1 Ts. 1:9-10). Por un lado, el ser humano debería convertirse a Dios y ponerse a su servicio y al del prójimo; en consecuencia contará con la ayuda de la presencia y el poder de Dios para cambiar y mejorar su mundo. Pero por otro lado, no logrará perfeccionar su mundo, porque la maldad humana seguirá operando y será juzgada y eliminada por el Señor Jesucristo en su venida. Así que, servimos al Dios viviente haciendo buenas obras y procurando cambiar y mejorar la sociedad, mientras esperamos la perfección y el juicio final que traerá Jesucristo en su venida.

En resumen, debemos recordar nuestro llamado como cristianos al «doble-escuchar». Es decir, la mente cristiana estará atenta a la revelación de Dios para tener una perspectiva realista y teocéntrica de la vida, y estará atenta al mundo para poder actuar concretamente en la historia, haciendo el bien y combatiendo el mal. Una mente cristiana no se ocupa solamente de Dios sin reconocer e involucrarse en la realidad humana, no es escapista. Una mente cristiana tampoco se fija solamente en el mundo de los seres humanos, ni trata de interpretarlos y cambiarlos a partir de una perspectiva y recursos netamente humanos. No es ni optimista sin fundamento, ni pesimista sin esperanza. La mente cristiana tiene que escuchar a Dios y al mundo que la rodea.

Esta tarea de formar una mente cristiana que escucha a Dios y al mundo no es tarea de cristianos solitarios. Es más bien una tarea que requiere de una comunidad cristiana en conjunto. La Iglesia ha de ser, en la práctica, una «comunidad hermenéutica». Parte de la tarea de la Iglesia es escuchar la Palabra de Dios juntos para descubrir la mente de Dios, y la realidad actual para entender lo que está sucediendo. Es en este «doble-escuchar» a la Palabra y al mundo, y en compañía e interacción con otros miembros de la Iglesia de Dios, que se va desarrollando una mente cristiana. Que Dios nos conceda gracia para esforzarnos en pensar como cristianos.

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Conociendo al unico Dios verdadero

Pastor: Deydi José Olivera.


Hablar del Único y Verdadero Dios es hablar del ser más sublime, especial y extraordinario que pueda existir en todo el mundo. He tenido la oportunidad de hablar con tantas personas y escucharlas decir: “ayer anduve con mi mejor amigo” he escuchado a muchachas decir “mi mejor amiga y yo estamos planificando unas vacaciones para navidad”, “prefiero estar con mis amigos” y es que para estas personas hablar de su “mejor amigo o amiga” es una conversación especial, extraordinaria o muy pero una muy buena conversación, precisamente es lo que quiero relacionar porque hablar del Único y Verdadero Dios, es hablar de un ser perfecto, sublime e infinito, de seguro siempre será una excelente conversación.. La suma de sus perfecciones es infinita y la magnitud de sus atributos es sin límites. De tal dios, Zofar le pregunta a Job “¿Descubrirás tú los secretos de Dios? ¿Llegarás tú a la perfección de Todopoderoso?” (Job 11:7). Desde este punto de vista Dios es incomprensible, ya que ningún ser puede comprenderle completamente, no obstante su incomprensibilidad no es inherente, que quiero decir con esto, pues que Él puede comprenderse perfectamente así mismo.

Por otro lado, se puede afirmar que Dios es cognoscible, y más aún la única forma de obtener la vida eterna es conociéndole (Juan 17:3). De esta manera podemos afirmar que Nuestro Dios es incomprensible pero conocible, lo que representa su transcendencia; pero, es cognoscible, lo que representa su inmanencia.

Dios es incomprensible pero conocible

Mayormente las personas se realizan las siguientes preguntas: ¿Quién es Dios? Y ¿Cómo le Conocemos?, aunque estas dos preguntas son diferentes, se entrelazan de tal modo que es imposible responder a ellas por separado, en efecto, lo que puedo decirles acerca de quién es Dios dependerá del modo en que podamos conocer a Dios.

a.     ¿Quién es Dios?

Dios es el ser perfecto, el más sublime, eterno, santo y único en su existencia.

b.     ¿Cómo conocemos a Dios?

Al tratar sobre esta cuestión lo primero que tengo que decir es que a Dios sólo lo podemos conocer cuándo, donde, y como se nos revela, y el conocimiento que tenemos de Dios viene de Dios mismo. Se puede conocer a Dios por medio de los o a través de sus atributos.

Atributos de Dios

Se considera un atributo divino a toda aquella propiedad o característica innata de Dios, a través de la cual Dios revela su carácter esencial, al hombre. Dios tiene atributos Incomunicables.

Atributos Incomunicables

Se le denomina atributo incomunicable, ya que son esenciales en Dios y no los que tiene en ningún otro ser. Son única y exclusivamente en Dios.
Aseidad (Autoexistencia)
(Juan 5:26, 1 de Timoteo 1:17)

Consiste en su total y absoluta independencia, es su capacidad para vivir por sí mismo. De esta forma, podemos afirmar que Dios no depende de ningún agente externo para su existencia, pero a la vez todas las cosas le dependen de Él. En tal sentido, Él es El Absoluto.

Inmutabilidad o incambiable
(Malaquías 3:6, Santiago 1:17)

Él no puede cambiar, no puede envejecer, no progresa ni crece, ya que es perfecto eternamente. No obstante, es un Dios activo que ha tratado de formas distintas con los hombres a través de distintas épocas.
Infinitud

Dios es infinito en el sentido que no tiene limitaciones y podemos ver la infinitud de Dios desde diversos puntos de vistas:

·       Con respectos a sus cualidades su infinitud es perfección:
Todos los atributos de Dios son ilimitados, desde el punto de vista cualitativo y cuantitativo. Su poder no tiene límite, su amor es infinito y de la misma forma todas sus cualidades. Pero sus cualidades no solo son infinitas sino también perfectas, es por ellos que a sus atributos se le llama perfecciones. (2 Samuel 22:31, Job 11:7)

·       Con respecto al tiempo su infinitud es eternidad:
Él es Eterno en el sentido que no tiene principio ni fin, además, es totalmente transcendente en el tiempo, es decir, para Dios el tiempo no tiene ningún tipo de afectación; bien dice las escrituras,
 Que para Dios mil años es similar a un día. (Salmos 90:4; 2 Pedro 3:8; Juan 1:1; Hebreos 7:3; Apocalipsis 22:13; Éxodo 15:18)


·       Con respecto al espacio su infinitud es inmensa:
Él es inmenso en el sentido que todo lo llena, llegando a ser omnipresente, ya que no existe un lugar donde su presencia no pueda llegar. Él no tiene limitaciones de espacio, pudiendo estar en todas partes con toda su esencia al mismo tiempo. (Salmos 1439:7-10; Jeremías 23:23-24, 1 Reyes 8:27; Isaías 66:1)

Unidad

La unidad de Dios puede verse en dos formas distintas:

·       Simplicidad:
Cuando se afirma que Dios es simple se dice que no es un compuesto, ni está hecho de partes; por lo cual, no es susceptible de divisiones. Dios está completo en sí mismo, nada se puede agregar ni restar de su ser.

·       Singularidad:

Dios es singular en el sentido que es numéricamente uno, y que ningún otro ser comparte su naturaleza divina, es decir, existe un único Dios, distinto a todos los demás seres existentes. (Deuteronomio 6:4; 1 Reyes 8:60; 1 Corintios 8:6)

Conclusión

Mi Dios, el Dios que yo conozco es Único y Verdadero y… ¿el Dios que tú crees También?


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Música Cristiana Vs. Música Secular


Muchos cristianos hoy en dia se encuentran batallando con el tema de si deben o no seguir escuchando musica secular, despues de haber hecho una consagracion de su vida a Jesucristo. 


Un artículo de Marcos Barrientos.

Son, en su mayoria, personas que desean hacer la voluntad de Dios, pero que luchan con renunciar a seguir escuchando a los que por mucho tiempo han sido sus artistas y grupos favoritos. Por supuesto, no toda la musica catalogada como secular (entiendase toda la musica que no contiene un mensaje cristiano, o que ha sido producida por gente que no reconoce a Jesucristo como el Señor de su vida) es perversa o perjudicial. Podriamos dar muchos ejemplos de musica que no es necesariamente producida por compañias cristianas, pero que tampoco es dañina. Sin embargo, la mayor parte de la musica secular contiene elementos que no nos ayudan en nuestro caminar con Cristo. Si estas en este dilema, te pido que reflexiones:


¿Porque escuchas la música que escuchas? Se me ocurren tres posibles respuestas:



1. Porque te gusta y te produce una sensación agradable. 

Si esta es tu respuesta, probablemente piensas que tienes una razón valida para escuchar música secular. Pero el hecho de que algo te guste no significa que necesariamente te beneficia. La música ejerce siempre una influencia sobre el que la escucha, ya que es la expresion del corazón del compositor y del ejecutante, y por lo tanto transmite la actitud y el espiritu (influencia) que hay dentro de ellos y los gobierna. La música es tan poderosa que puede sanar o herir, edificar o destruir, instruir o engañar, y quizás lo mas importante: Puede liberar o atar.

Si usas una droga, quizás te guste y te produzca una sensacion emocionante por algun tiempo, pero por supuesto sabes que no te hace bien y que tarde o temprano te destruirá. Asi como las drogas, existe música que tiene una influencia espiritual destructiva, y te seduce poco a poco, sutilmente, hasta que estas cautivo en sus redes y no puedes romper su influencia.



2. Porque es lo que esta de moda y es lo que escuchan tus amigos a los que deseas agradar, aunque a ti en lo personal no te guste.

Recuerdo los tiempos en los que, antes de conocer a Cristo, tomaba cerveza solo por agradar a los demás aunque su sabor siempre se me hizo horrible. Yo pretendía que lo disfrutaba para no quedarme fuera del grupo. La presión de grupo puede ser muy fuerte y movernos a hacer cosas que no nos gustan con tal de obtener la aprobación de los amigos. En este caso, debes recordar que tu vida es mucho mas valiosa que la opinión de los demas, y que no vale la pena exponerte al peligro de la contaminación espiritual solo por agradarles.



3. Porque es una forma en la que puedes demostrar tu rechazo hacia la autoridad.

Escuchar música que tus padres desaprueban puede ser una forma en la que tratas de demostrar tu independencia. Si este es tu caso, te pido que examines con cuidado las letras de las canciones que escuchas, cuyos temas predominantes son el desafío a la autoridad y el desprecio hacia Dios y sus valores de integridad y pureza. Piensa también en el hecho de que muchos grupos seculares invocan abiertamente a demonios y espíritus de tinieblas para que actúen a traves de su musica en la vida de sus seguidores. Consideralo bien; no sea que en tu afán por ser libre termines controlado por una fuerza que solo busca tu destruccion.



¿De que depende el efecto que produce la música? ¿De los ritmos o estilos? Si, en parte, ya que los estilos con ritmos muy predominantes sobre la armonía y melodia, y con demasiada repetición e intensidad, pueden producir ansiedad o euforia, y los estilos mas tranquilos, con ritmos suaves y predominio de la melodía nos conducen al relajamiento, aunque en sus expresiones desbalanceadas, aun estos estilos pueden producir efectos negativos como la depresión.



Pero en realidad, el efecto mas profundo y transformador de la música lo produce su contenido espiritual. Cuando escuchas música, las ondas sonoras entran por tus oidos, y la vibracion que producen es interpretada por tu cerebro. Pero junto con las ondas sonoras, penetra también a tu alma una influencia espiritual. Tu puedes ser profundamente liberado o terriblemente esclavizado al abrirte a la música, dependiendo de cual es el espiritu que la ha inspirado. Debes distinguir entre el talento musical y la condición espiritual del artista y no permitir que tu vida se llene de la basura que sale de su interior. Habiendo hoy en día tanta musica cristiana para todos los gustos y con excelente producción, la excusa de buscar la calidad en lo secular ya no es valida.



Dios te ama muchísimo y te valora tanto que entregó la vida de su propio hijo por ti, pero al mismo tiempo te respeta tanto que nunca te obligará a hacer algo que no escojas hacer. Solo recuerda que nadie mas que tu es responsable de las decisiones que tomes y de las consecuencias que estas produzcan.








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El falso cristiano y el verdadero...

LAS 5 SEÑALES DE UNA VERDADERA CONVERSIÓN

Las 5 señales son 5 diferentes tipos de fruto que la Biblia dice que habrá en la vida de un verdadero cristiano.

· (Mat 7.15-18) Cristo Jesús dijo que la evidencia convincente de la conversión de uno era el fruto que se podía ver en su vida.

· (Mat 7.18) Un árbol malo es incapaz de (no “puede”) dar buen fruto exactamente como un buen árbol es incapaz de (no “puede”) dar fruto malo.

· (Mat 7.19-20) Si no hay buen fruto en el árbol (en la vida del “convertido”) es porque no se ha convertido. Todavía es un inconverso que si muere, irá al infierno.

Puesto que hubo un cambio de naturaleza, porque nació de nuevo, el verdadero convertido dará su fruto siempre. O sea, nunca se apartará de los caminos de Dios.

· Obviamente algunos árboles dan fruto más rápido y más a menudo que otros. No obstante, el árbol no deja de ser un árbol que da fruto.

_ O sea, una vez que alguien nace de nuevo, ya es una nueva criatura y nunca dejará de ser una nueva criatura.

_ Es como un árbol manzano que da fruto—da manzanas. No es que un día deje de ser un manzano. Obviamente da su fruto en su tiempo, pero nunca deja de ser un árbol manzano.

· El cristiano nunca deja de ser un “árbol que da fruto” porque es Dios quien lo hizo como es—una nueva criatura que da fruto en su tiempo.

· (Jud 24) Él es poderoso para guardar a los Suyos sin caída y así presentarlos sin mancha delante de Su gloria.

· El verdadero cristiano nunca se apartará de la fe.

_ Obviamente lucha contra el pecado y a veces pierde la pelea (y cae en el pecado). Sin embargo, ¡lucha! El que no lucha (el que se aparta de la guerra), no se convirtió.

_ Según Lucas 8.13, el que se aparta nunca fue un cristiano—nunca se convirtió a Cristo— a pesar de haber “creído” por algún tiempo.

I.                 (Mat 3.7-8) El fruto digno de arrepentimiento

A. Cuando hay una verdadera conversión, hay arrepentimiento.

1. Sin arrepentimiento, no hay salvación... sólo una horrenda expectación de la ira venidera—el día del justo juicio de Dios (y note que en Mateo 3.7-8 son “creyentes”—líderes religiosos— que estaban en peligro del infierno; “creían en vano” porque no se habían arrepentido). Y es por esto que Dios manda a todos los hombre en todo lugar que se arrepientan (Hech 17.30-31).

2. (Prov 28.13) El arrepentimiento consta de confesar sus pecados y apartarse de ellos.

3. (Prov 16.6) O sea, el verdadero convertido se apartará de la maldad.

B. Este arrepentimiento para salvación se manifiesta en manera prácticas.

1. (Luc 19.1-10) Cuando Zaqueo recibió la salvación, hubo fruto visible de su arrepentimiento.

a. (Luc 19.8) Él estaba dispuesto a devolver cuadruplicado lo que él hurtó.

i. Él se veía a sí mismo en el espejo de la Ley (el 8o mandamiento): “No hurtarás”.

ii. El fruto de su arrepentimiento se manifestó en el acto de devolver lo que hurtó
cuadruplicado.

2. En 1988 cuando me arrepentí de mis pecados y puse mi fe en Cristo para salvación, yo sabía que tuve que hacer ciertas cosas para “estar a cuentas” con varias personas.

a. Tuve que devolver cosas que había hurtado.

b. Tuve que hablar con varias personas que había ofendido y pedirles perdón.

c. Me había arrepentido y el arrepentimiento llevó su fruto inmediatamente.

C. Si no hay fruto de arrepentimiento, es muy posible que no hay arrepentimiento.

1. Si el estilo de vida de alguien es igual después de su “conversión” a cómo era antes, puede ser que es un falso convertido.

2. Así que, siempre busque el fruto que es digno de arrepentimiento en la vida de un nuevo convertido. Si no lo ve, procure enterarse de por qué. Puede ser que no se arrepintió.

II. (Col 1.10) El fruto de las buenas obras

A. (Tito 2.7) El cristiano debería ser un ejemplo de buenas obras.

B. (Tito 2.14) La Iglesia debería ser un pueblo celoso de buenas obras (entusiástico por hacer buenas obras).

C. (Tito 3.8) Debemos ocuparnos siempre en buenas obras.

1. Juan Wesley dijo:

Haz todo el bien que puedas; por todos los medios que puedas; de todas las maneras que puedas; en todos los lugares que puedas; tantas veces como puedas; a todas las personas que puedas, por todo el tiempo que puedas.

2. Hoy en día, con tanto escepticismo entre los no creyentes, necesitamos ver más fruto de buenas obras.

a. (1Ped 2.15) Pedro dice que haciendo bien podemos callar la ignorancia de los hombres insensatos.

b. O sea, a través de la buenas obras en nuestras comunidades podemos restablecer nuestra credibilidad y construir puentes para alcanzar a los inconversos con el evangelio de Cristo Jesús (como queremos hacer a través de Conexión).

D. Las buenas obras son fruto de una verdadera conversión.

· Si alguien no quiere ayudar a los demás, si sólo piensa en sí mismo, puede ser que no es cristiano.

III. (Heb 13.15) El fruto de sus labios

A. (Stg 1.17) Nuestros labios deben confesar el nombre de Jehová nuestro Dios porque de Él viene todo lo bueno que tenemos y experimentamos en esta vida.

B. La boca de un verdadero creyente siempre da gracias a Dios en todo.

C. Nuestro clamor debe ser (con Pablo): “¡Gracias a Dios por su don inefable!”

D. De la abundancia del corazón habla de la boca, entonces debemos fijarnos en el fruto de los labios del que profesa fe en Cristo Jesús.

IV. (Gal 5.22-23) El fruto del Espíritu

A. De alguna manera (aunque sea pequeño) este conjunto de cualidades debe manifestarse en la vida de un nuevo creyente.

B. (Gal 5.19-21) Si uno sigue manifestando el fruto de la carne, puede ser una buena indicación de que no se convirtió y que todavía está sin Cristo.

V. (Flp 1.9-11, esp. v11) El fruto de justicia

A. El deseo de Dios (la voluntad de Dios) para cada creyente es que sea lleno de “frutos de justicia” por medio de Jesucristo.

1. Con “justicia” se quiere decir lo que es justo, lo que es correcto.

2. Puesto que el cristiano es una nueva criatura, hay un deseo profundo de hacer lo justo y lo correcto, y dejar de hacer lo injusto y lo incorrecto.

a. (2Tim 2.19) Se aparta de la iniquidad (porque se arrepintió) y...

b. ...hay hambre y sed de justicia en el corazón de un verdadero creyente en Cristo.

B. Este asunto a veces confunde a los cristianos porque en su experiencia cotidiana, caen el pecado y a veces podría decir que todavía “les gusta” el pecado.

· El testimonio de Pablo en Romanos 7 nos ayudaría bastante a entender esto.

1. (Rom 7.22) El cristiano se deleita en la Ley de Dios, en la Ley moral que se expresa en los diez mandamientos. O sea, se deleita en la justicia—en hacer lo justo y lo que es correcto (evitando lo injusto, lo malo y lo incorrecto).

2. (Rom 7.15-20) Sin embargo, el santo sigue pecando y, en algún sentido, “le gusta”.

a. (v17) Lo que tenemos que entender es que no es el “nuevo hombre en Cristo” que peca y que le gusta el pecado. Es el viejo hombre—es la carne.

b. (v18) Sin embargo, lo que él quiere—el cristiano, el santo, el nuevo hombre en Cristo
Jesús—es el bien de la justicia (de una vida recta).

c. (v19) Por esto, el testimonio del cristiano es uno de una lucha entre el hombre interior que quiere andar conforme a la Ley de Dios y el hombre exterior de la carne que quiere pecar.

d. (v20) Si este es el testimonio de su vida, entienda que no es “usted” quien lo hace sino el pecado que todavía mora en sus miembros. No tire la toalla, siga luchando contra el pecado. Pero no tiene que dudar su salvación simplemente porque cae en el pecado. La presencia de esta lucha debe animarle porque es evidencia convincente de que nació de nuevo.

3. Entonces, el fruto de justicia a veces se manifiesta más en la lucha entre el nuevo hombre (“me deleito en la Ley y quiero andar conforme a ella”) y el viejo hombre (“me gusta el pecado y quiero pecar”).

C. Un cristiano “cae” en el pecado pero el falso convertido “disfruta” el pecado.

1. (2Ped 2.22) Es como el perro que se vuelve a su propio vómito.

2. El perro se vuelve a su vómito para comérselo porque le sabe bien. Le gusta. Le da placer. Así es como Dios lo hizo y por lo tanto así es su naturaleza.

3. El pecador perdido vuelve a pecar porque le gusta. Le da placer. Le “sabe” bien. Lo disfruta. Así es su naturaleza.

4. Sin embargo, cuando el cristiano cae el pecado es diferente. Cuando se da cuenta de lo que ha hecho, se halla “comiendo su propio vómito” y es asqueroso.

D. Este fruto de justicia también se manifiesta en hambre y sed de la Palabra de Dios.

1. Nadie tiene que enseñarle a un bebé a desear la leche. Nace con hambre y el conocimiento innato de cómo mamar.

2. Si un “creyente” no tiene un deseo de alimentarse espiritualmente en la Palabra de Dios, es una buena indicación que su conversión es falsa.

a. Yo recuerdo como era conmigo cuando Cristo me salvó a mí. Antes no quería leer la
Palabra de Dios y aun era una de mis excusas por no querer ser cristiano (“no puedo
entender la Biblia”).

b. Sin embargo, en el momento de mi salvación yo sabía que necesitaba una Biblia, que
necesitaba alimentarme con la Palabra de Dios. ¡Y quería hacerlo! O sea, Dios puso un
tremendo deseo en mi corazón por la Escritura.

c. Así que fui solo a una librería cristiana (nadie tuvo que llevarme) y compré una Biblia para leer y estudiar.

3. (Sal 119.162) Para el cristiano, la Palabra de Dios es un tesoro invaluable. El que desprecia la Escritura y no la ama es el que no conoce a Dios.

a. El verdadero cristiano desarrollará la disciplina y el hábito de leer la Biblia todos los días.

b. Escudriñará la Biblia para ver qué es lo que su Dios quiere, cómo quiere que viva.

c. Y cuando la Biblia dice que debe hacer algo, lo hace, o que debe dejar de hacer algo, lo deja de hacer.

d. Nadie tiene que estar encima de un verdadero creyente obligándole a leer la Biblia y
obedecer lo que dice. Es un gozo para él ser “hacedor” de la Palabra.

CONCLUSIÓN:
Las cinco señales de una verdadera conversión
Si quiere saber si una conversión es verdadera, fíjese en el fruto.
· (Mat 7.18) El fruto es evidencia convincente de cómo es el árbol—si es bueno (una verdadera conversión) o malo (una falsa conversión).

1. El fruto digno de arrepentimiento
2. El fruto de las buenas obras
3. El fruto de sus labios
4. El fruto del Espíritu
5. El fruto de justicia

Ahora, sabiendo que cuando predicamos el evangelio hay falsas y verdaderas conversiones, ¿hay algo que nosotros podemos hacer para que la semilla del evangelio lleve el buen fruto de arrepentimiento y fe en Cristo? Esta misma parábola del sembrador nos da la respuesta.


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