Avenida "El Trocadero" entre carreras 12 y 13. Ciudad de Yaritagua, Municipio Peña, Estado Yaracuy, Venezuela.
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DIOS NOS AMA...

 Qué somos sino un soplo de vida. Somos la hierba del campo,
que hoy florece y mañana
es echada al fuego.

¿Y qué hacemos? Por nuestra propia fuerza: Nada. En palabras del mismo Jesús “…separados de mi nada podéis hacer” (Juan 15:5). Entonces, ¿Por qué Dios nos ama? ¿Por qué dar su vida para salvar la de alguien que no es nada, y que nada puede hacer sin Él?
 
Dios no puede amarnos por lo que somos, porque nada somos. Y si es por lo que hacemos, ¿Qué sucedería si nos alejamos un poco de Él? Cuando algo se nos haga imposible, ¿Hasta ahí llegará su amor?
 
Entonces, ¿Es necesario dejar de hacer lo que queremos y comenzar a hacer lo que Él quiere, abandonar el camino que nos distancia para permanecer unidos a Él?
 
Por supuesto que sí, puesto que nadie ha obtenido el amor de Dios por merecerlo, nadie por mérito propio ha conseguido el favor de Dios. ¿Entonces nos amará por lo que hagamos o dejemos de hacer? De ninguna manera, pues no es por obras, para que nadie se gloríe, sino por Gracia que recibimos el amor de Dios. Porque aun el más vil pecador, si se arrepintiere de todo corazón, puede gozar del don divino; y el hombre más justo, si se desviare de su camino negando así su fe, todo lo que pudiese ganar en este mundo le seria poco para salvar la vida. Y ¡Ay! de aquel que desviase su corazón, porque “hay camino que al hombre le parece derecho, pero su final es camino de muerte”. (Proverbios 14:12)
 
Que bueno es seguir la voluntad de aquel que nos ha dado la vida, porque ajustado o no a lo que merecemos, es buena, agradable y perfecta. Aunque seamos nada y aunque nada podamos hacer, El nos da su amor, porque sencillamente es un regalo inmerecido.
El delincuente no es una especie “antropomórfica” que azota a la gente decente… ¡De ninguna manera! Y aunque para muchos estas palabras puedan causar “piquiña”, los maleantes, corta bolsas, pillos, rateros, estafadores, secuestradores, hampones, jíbaros, traficantes, atracadores, malandros, ladrones, contrabandistas, extorsionistas, asesinos a sueldo, asalta bancos y blindados… y algunos que olvido mencionar por su polifacéticas actividades, y con ello me refiero a la creatividad que usan para combinar estos oficios…. Los choros son, y vuelvo a decirlo, personas como nosotros, es decir, nuestros hermanos.

Por alguna razón su personalidad y carácter los mantiene cautivos en la maldad, pero yo dejo ese tema para los sesudos analistas y me voy directamente a la motivación… La razón es muy sencilla, ¡son líderes espirituales en Potencia! y si todavía permanece leyéndome le agradezco su compañía aunque sólo sea por curiosidad, porque es muy fácil juzgar a los demás desde la comodidad de nuestra bombona cristiana; pero la realidad es que la línea divisoria entre el delincuente y el cristiano es una franja muy tenue y ancha, la cual pisamos constantemente sin darnos cuenta.

Los malhechores están hechos de la misma materia que nosotros, y anhelan las mismas cosas, pero en algún punto del camino, sus vidas se inclinaron a hacer el mal para satisfacer las necesidades sociales que son parte esencial del hombre y la mujer. Sin embargo el denominador común, o sea, lo que es igual entre ellos y nosotros, es la permanente búsqueda de la felicidad.

Sin embargo el delincuente escogió el camino más peligroso y vertical de todos, sus ojos van de aquí para allá revisando los peligros que se ciernen sobre él. Nada de lo que tiene es suyo, pues sabe que en cualquiera de los violentos giros que da su existencia, se verá obligado a  abandonarlo todo para proteger su libertad o en el peor caso, la vida misma. Es un ser que lucha por posicionarse, corrijo; montarse, en una torre tan alta que sea inalcanzable para los demás. Desde allí trata de ver una tierra donde llevar todo lo que ha logrado, con el objeto de librarse de tanto estrés y la eterna persecución por parte de la sociedad y sus enemigos.

Mientras todos discuten qué hacer con los delincuentes deberíamos abrir un debate y estudio sobre los modelos organizativos y códices de la delincuencia, con el objeto de desentrañar las causas originarias de sus actitudes. De esta forma desarrollar estrategias de evangelización para encausar esas manifestaciones negativas en expresiones de liderazgo productivas para la sociedad. Apedréenme si es necesario, pero Jesús vino por los enfermos, y fueron los “sanos” quienes le crucificaron.
marcotuliogentile@yahoo.com

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